La visita del papa León XIV al Perú, prevista del 11 al 16 de noviembre, pasará por cinco ciudades —Lima, Chiclayo, Cusco, Pucallpa y, tras la confirmación de estos días, también Cajamarca—. Costa del Sol Wyndham, cadena 100 % peruana, tiene hotel en las cinco y ya está reforzando la operación para absorber la demanda.
La incorporación de Cajamarca se confirmó después de que una comitiva del Vaticano evaluara las condiciones logísticas y de seguridad de la provincia de Santa Cruz con resultado «muy positivo». Pesa el vínculo personal del pontífice —Robert Francis Prevost, obispo de Chiclayo entre 2015 y 2023— con esa localidad, a la que acudía cada año para la Fiesta Patronal del Señor del Costado. La jornada incluiría una misa en una explanada con capacidad para más de 100.000 personas.
Datos clave de la ruta papal
- Fechas: del 11 al 16 de noviembre.
- Ciudades: Lima, Chiclayo, Cusco, Pucallpa y Cajamarca.
- Cadena: Costa del Sol Wyndham, 100 % peruana, 30 años de trayectoria y presencia en las cinco sedes.
- Ocupación prevista: alta en Chiclayo entre el 12 y el 14 de noviembre; por encima del 80 % en Lima en los días centrales.
- Estimación del Mincetur: más de 700.000 asistentes.
- Estimación de Canatur: cerca de 1,5 millones de turistas movilizados —unos 400.000 extranjeros y 1,1 millones nacionales—.
Las cifras que maneja el sector
Las proyecciones varían según el gremio, pero todas apuntan en la misma dirección. El Mincetur calcula más de 700.000 asistentes entre turistas nacionales, visitantes internacionales y residentes. Canatur eleva la cifra a 1,5 millones de turistas movilizados y proyecta crecimientos del 25-30 % en turismo internacional y del 35-40 % en el nacional durante noviembre; en lo económico, estima que una inversión de 15 a 20 millones de dólares podría devolver entre 80 y 100 millones.
Apotur sitúa el impacto económico entre 20 y 40 millones de dólares, empujado sobre todo por el turismo interno. La Cámara de Comercio y Producción de Lambayeque calcula hasta 1,5 millones de personas solo en esa región, con un impacto cercano a los 750 millones de soles. Y Apavit anticipa un crecimiento del 20 al 35 % en la venta de paquetes según la ciudad. Como referencia, la visita del papa Francisco en 2018 dejó unos 40.000 turistas extranjeros y 80 millones de dólares en ingresos.
Qué espera la cadena en cada sede
En Chiclayo, la cadena espera ocupación alta entre el 12 y el 14 de noviembre; en Lima, superar el 80 % en los días centrales. Con Cajamarca dentro de la ruta, anticipa un comportamiento similar en su hotel de la Plaza de Armas, apoyado en el atractivo de los Baños del Inca, el Cuarto del Rescate y Cumbemayo, y en la cercanía con Chiclayo dentro del itinerario.
Cada una de nuestras sedes en la ruta del Papa busca ofrecer conectividad y una experiencia local auténtica, desde la llegada al Aeropuerto Jorge Chávez y la capital, hasta el corazón histórico de Cusco y Cajamarca, y la selva de Pucallpa.
Geilan Mustafá, directora corporativa de marketing de Costa del Sol Wyndham
Tres perfiles de viajero
La cadena distingue tres públicos. El turista doméstico, movido por lo religioso y lo cultural, con el vínculo del Papa con Chiclayo y Cajamarca como gancho añadido. El internacional, encabezado por visitantes de Estados Unidos —país de origen del pontífice— y de Chile, Ecuador, Colombia y Brasil. Y un cultural experiencial, que aprovecha el viaje para museos y gastronomía; ahí la cadena juega la carta de Páprika, su restaurante en todos los hoteles, cuyo local de Chiclayo vuelve a estar nominado a los Premios Summum. Los grupos organizados piden paquete cerrado —alojamiento, alimentación y traslados—; el viajero independiente, flexibilidad.
La ruta, al tener componentes espirituales, culturales y turísticos, tiene un enorme potencial de atracción intergeneracional y transversal. Participar de este recorrido implica acompañar al viajero en una experiencia que no solo busca descanso, sino también significado.
Geilan Mustafá, Costa del Sol Wyndham
Conviene leer las cifras con distancia: entre las 700.000 personas del Mincetur y el millón y medio de Canatur hay un abismo, y la referencia de 2018 —40.000 extranjeros— sugiere que el grueso del movimiento será interno, con estancias cortas y gasto medio bajo. Eso no lo hace menos relevante para la hotelería: noviembre no es temporada alta en casi ninguna de las cinco ciudades, y llenar Chiclayo, Cajamarca o Pucallpa fuera de calendario vale más que un pico en Cusco. El riesgo, el de siempre en estos eventos, es la resaca: tarifas infladas que dejan mal recuerdo y una infraestructura que se prueba durante seis días y luego vuelve a su sitio. La apuesta del país por captar eventos internacionales se juega también en cómo se resuelvan semanas como esta.
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