En conversación con Javier Baz, Rosana Martínez, directora comercial de Casa Eva, comparte la esencia de este proyecto, su posicionamiento y los pilares que definen su propuesta de valor.
En el competitivo entorno del Valle Sagrado, donde conviven propuestas hoteleras consolidadas, Casa Eva Boutique Hotel apuesta por una propuesta diferenciada basada en la calidez, el bienestar y la conexión emocional con el entorno.
Un concepto con identidad: del origen emocional a la experiencia del huésped
Casa Eva nace desde una historia personal, pero evoluciona hacia una propuesta de valor clara dentro del mercado hotelero.
“Nace como un homenaje a la madre del dueño, Eva, y representa el hogar, la protección y esa calidez que una madre sabe dar”.
Este origen define la esencia del hotel: no se trata solo de alojar, sino de generar una experiencia emocional.
“Es un refugio de calma donde el huésped baja el ritmo, se siente acogido y puede reconectar consigo mismo”.
Este enfoque se traduce en cada punto de contacto, construyendo una experiencia coherente que va más allá del servicio tradicional.
Bienestar, diseño y entorno: una experiencia integral



La propuesta de Casa Eva se articula en torno a tres elementos clave: el diseño, el entorno y el bienestar.
La arquitectura respeta el paisaje andino mediante el uso de materiales como piedra, madera y tonos tierra, generando una integración natural con el entorno.
“Hay una continuidad entre el interior y el exterior que potencia el descanso y la desconexión”.
A nivel de producto, el hotel cuenta con 21 habitaciones diseñadas para favorecer el descanso real, incorporando elementos como hidromasaje, iluminación cálida, textiles andinos y vistas abiertas al valle.
El bienestar se refuerza con un spa que utiliza insumos locales y una propuesta que conecta al huésped con la naturaleza, los paisajes y los ritmos del destino.
“El bienestar no es un servicio añadido, es el eje conceptual del hotel”.
Autenticidad, comunidad y sostenibilidad como pilares de marca
Uno de los elementos diferenciadores de Casa Eva es su fuerte vínculo con el entorno y la comunidad local. La gastronomía basada en productos de cercanía y el uso de un biohuerto propio no solo cumplen una función operativa, sino que forman parte del relato del hotel.
“El biohuerto genera una conexión emocional con el huésped y refuerza el storytelling”.
Además, la incorporación de talento local, artesanía y cultura aporta autenticidad a la experiencia.
“Hoy el viajero busca autenticidad e impacto positivo, y eso posiciona a Casa Eva como una marca consciente”.
Este enfoque permite construir una marca con identidad, coherente con las tendencias globales del turismo.
Estrategia comercial: atraer al huésped correcto



Desde el punto de vista comercial, Casa Eva ha definido claramente su posicionamiento: no competir por volumen, sino por concepto.
“La idea no es llenar habitaciones, sino atraer al huésped correcto”.
Tras una apertura enfocada en el mercado nacional, el hotel ha evolucionado hacia un mix donde el turismo internacional ya representa el 80% de la demanda, principalmente de Estados Unidos y Europa.
El perfil del cliente responde a viajeros que buscan desconexión, tranquilidad y experiencias auténticas en un entorno boutique.
La estrategia comercial se basa en la diversificación de canales (OTAs, venta directa y turoperadores), evitando la dependencia de un solo canal y apostando por un crecimiento sostenido.
Crecer con coherencia en un destino competitivo
El principal reto del proyecto ha sido posicionarse en un destino con alta competencia y marcas consolidadas.
“No podemos competir por volumen, sino por concepto y coherencia”.
En este contexto, Casa Eva ha optado por construir una identidad sólida, apostando por el detalle, la experiencia y la consistencia en su propuesta.
Además, el hotel identifica oportunidades en segmentos como bodas de destino, aprovechando sus espacios naturales y el atractivo del Valle Sagrado.
La hospitalidad como verdadero diferenciador


Más allá de la estrategia, el diseño o el producto, Casa Eva construye su propuesta sobre una idea fundamental: la hospitalidad auténtica.
“La verdadera hospitalidad ocurre cuando el huésped no se siente atendido, sino acogido, y cuando deja de ser cliente para sentirse en casa”.
En un entorno donde la tecnología y la eficiencia son cada vez más relevantes, esta visión refuerza un principio clave: la experiencia humana sigue siendo el principal factor de diferenciación en hotelería.

